Hay especies cuya desaparición se nota de inmediato, y otras que se esfuman sin estrépito, hasta que alguien pregunta por ellas y descubre que hace 25 años que nadie las ve. Esa es la historia del coral solitario de Galápagos (Rhizopsammia wellingtoni): un coral pequeño y endémico del archipiélago que pasó un cuarto de siglo sin registros, al punto de temerse perdido para siempre.
Más de 250 colonias vivas
En 2024, expediciones científicas de la Fundación Charles Darwin y de la Dirección del Parque Nacional Galápagos, en colaboración con la Academia de Ciencias de California, lo encontraron de nuevo. Apareció en cuevas y paredes verticales submarinas de las islas Isabela y Fernandina, donde se identificaron más de 250 colonias vivas.
Encontrar una especie que llevaba décadas sin verse, y encontrarla en cantidad, es una señal alentadora sobre la resiliencia de los ecosistemas marinos del archipiélago. También es una prueba de para qué sirven los programas de monitoreo a largo plazo: sin ellos, el coral habría seguido ahí, pero nadie lo sabría.
Un termómetro del océano
El coral solitario no es un coral cualquiera: es muy sensible al cambio climático, y su presencia puede funcionar como un indicador temprano de los cambios de temperatura del océano. Que reaparezca justo en tiempos de mares cada vez más cálidos aporta evidencia clave para la conservación y para la gestión adaptativa de los ecosistemas marinos de Galápagos.
Para qué sirve este hallazgo
Los datos de la expedición ya alimentan procesos concretos: la zonificación del archipiélago, la actualización de la Lista Roja de la UICN y el diseño de estrategias nacionales de adaptación al cambio climático. Es el ejemplo de lo que la ciencia colaborativa puede lograr cuando instituciones distintas reman juntas.
El Parque Nacional Galápagos, del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica, trabaja de forma articulada con sus aliados científicos para proteger la biodiversidad de este Patrimonio Natural de la Humanidad. Historias como la del coral solitario recuerdan por qué ese trabajo no se detiene: todavía hay cosas que valen la pena encontrar bajo el agua.
