Un sendero circular recorre después la orilla, atraviesa un laberinto de rocas volcánicas redondeadas entre vegetación árida y llega a una meseta donde el albatros ondulado usa el borde del acantilado como punto de despegue. La costa alta ofrece miradores panorámicos sobre el mar y el Soplador, donde las olas disparan agua hacia el cielo a través de una fisura de lava. En el descenso, las zonas de anidación de piqueros de Nazca y de piqueros de patas azules acompañan el regreso al faro.
El extremo oeste de una isla antigua
Punta Suárez ocupa el extremo oeste de la isla Española, una de las islas más antiguas del archipiélago de Galápagos. Su paisaje deriva de un volcán extinto que la erosión fue desgastando con el paso del tiempo, y ese origen se siente en cada escena del recorrido: la roca desnuda del desembarque, las formas redondeadas del interior y el filo abrupto de la costa.
El desembarco junto al faro
La visita comienza con un desembarque seco sobre rocas de lava oscura, a los pies de un pequeño faro. En las piedras, cangrejos Sally Lightfoot se desplazan entre las grietas con sus colores encendidos, y en las cercanías los lobos marinos descansan tendidos al sol. Es una llegada sencilla y, al mismo tiempo, una primera muestra de la vida que habita la punta.
La orilla y sus residentes
El primer tramo del sendero recorre la orilla. Allí los lobos marinos, Zalophus wollebaeki, descansan en una playa chica de arena, y los cangrejos cubren las rocas de la zona de las olas. Sobre la lava toman el sol iguanas marinas, Amblyrhynchus cristatus, la especie endémica de Galápagos: en Española suelen presentar tonos rojizos y verdes, y por ese color las llaman popularmente iguanas de Navidad.
Observadas con calma desde el sendero, las escenas de la orilla se repiten con variantes: un lobo que se estira, una iguana que avanza sin apuro, un cangrejo que levanta las pinzas. Mirar sin interrumpir permite que cada animal siga con lo suyo.
Información esencial
- Identidad
- Punta Suárez, sitio de visita del extremo oeste de la isla Española
- Ubicación
- Extremo oeste de Española
- Desembarque
- Desembarque seco sobre rocas de lava oscura junto a un pequeño faro
- Faro
- Pequeño faro, punto de partida y de regreso del circuito
- Orilla
- Lobos marinos descansando en el desembarque y en una playa chica, con cangrejos Sally Lightfoot en las rocas
- Lobo marino
- Lobo marino (Zalophus wollebaeki), que descansa en la orilla
- Iguana marina
- Iguana marina (Amblyrhynchus cristatus), endémica de Galápagos; en Española presenta tonos rojizos y verdes
- Sendero
- Circuito circular: orilla, laberinto de rocas, meseta y costa alta con miradores
- Aves del interior
- Rocas volcánicas redondeadas entre vegetación árida, con lagartijas de lava, sinsontes de Española, pinzones, palomas y halcón de Galápagos como posibilidad
- Meseta y albatros
- Meseta junto al borde del acantilado, donde la colonia de albatros ondulado usa el filo como punto de despegue
- Acantilados
- Costa alta con miradores panorámicos, con gaviotas de cola ahorquillada y rabos de junco como posibilidad
- Soplador
- Fisura de la lava por la que las olas disparan agua hacia el cielo
- Piqueros
- Zonas de anidación de piqueros de Nazca y de piqueros de patas azules junto a la traza del descenso
- Conducta
- Permanecer en el sendero, atender el paso junto a los nidos, mantener distancia de los bordes del acantilado y no alimentar ni acercarse a los animales
El laberinto de rocas
Pasada la orilla, el sendero se adentra en un laberinto de rocas volcánicas redondeadas, pulidas por el tiempo, entre la vegetación baja de la zona árida. En ese interior pueden aparecer lagartijas de lava, sinsontes de Española, pinzones de Darwin, palomas de Galápagos y, sobrevolando el paisaje, el halcón de Galápagos. Cada roca parecida a la anterior convierte el tramo en un pequeño recorrido de atención: la mirada aprende a distinguir entre la piedra y la vida que se camufla en ella.
La meseta de los albatros
El laberinto abre en una meseta que termina en el borde del acantilado. Española es un área de reproducción del albatros ondulado, y en esta punta la colonia usa ese filo como punto de despegue: desde ahí, con el viento a favor, las aves salen hacia el mar. Caminar por la meseta es moverse dentro del territorio donde esa ave regresa para criar, y el paisaje se vive con esa conciencia.
El borde del acantilado marca también el límite de la caminata. La meseta se recorre con calma, mirando hacia adentro y hacia el mar, y sin acercarse al filo más de lo que marca la traza, para que la colonia siga teniendo ese punto de salida tranquilo.
La costa alta
Desde la meseta, el sendero sigue por una costa alta, con miradores panorámicos sobre el mar abierto. En los acantilados pueden verse gaviotas de cola ahorquillada y rabos de junco de pico rojo, y en el cielo a veces aparece el halcón de Galápagos. Cada mirador abre una vista distinta del mismo océano, y el paisaje se sostiene solo: la roca, el viento y la espuma alcanzan para llenar la mirada.
El Soplador
En uno de esos frentes marinos se encuentra el Soplador: una fisura de la lava por la que las olas disparan agua hacia el cielo, un espectáculo de ola y viento que cambia con cada marea.
Cada ola hace su propia versión del Soplador: a veces el agua sube con fuerza y sonido, a veces apenas asoma espuma entre la roca. Mirarlo con paciencia, desde un lugar seguro de la traza, es parte de la visita.
El descenso entre nidos
El regreso desciende junto a zonas de anidación de piqueros de Nazca y de piqueros de patas azules, con los nidos a escasos pasos de la traza. Por eso conviene atender el paso y seguir de cerca la marca del sendero. El circuito termina de vuelta junto al faro, donde el desembarque de la mañana se vuelve despedida.
Una visita dentro del área protegida
Punta Suárez forma parte del área protegida de Galápagos. Permanecer en el sendero, atender el paso donde puede haber nidos junto a la traza, mantener distancia de los bordes del acantilado, no alimentar ni acercarse a los animales, no tocar ni arrancar las plantas y no dejar residuos es la conducta esperada, para que el lugar conserve la vida que lo distingue.
Preguntas frecuentes
- Un sitio de visita del extremo oeste de la isla Española, con un desembarque seco junto a un pequeño faro, una orilla con lobos marinos, un laberinto de rocas, una meseta de albatros sobre el acantilado y una costa alta con el Soplador.
- Por mar, con un desembarque seco sobre rocas de lava oscura a los pies del faro.
- Es un circuito: primero la orilla, después un laberinto de rocas redondeadas entre vegetación árida, luego la meseta que termina en el borde del acantilado y, al final, la costa alta con miradores y el regreso al faro.
- El albatros ondulado, un ave que usa Española como área de reproducción; en esta punta, la colonia aprovecha el filo del acantilado como punto de despegue hacia el mar.
- Una fisura de la lava en la costa alta por la que las olas disparan agua hacia el cielo; el efecto cambia con cada ola y con el viento.
- Como posibilidad: lobos marinos, iguanas marinas, cangrejos Sally Lightfoot, lagartijas de lava, sinsontes de Española, pinzones de Darwin, palomas de Galápagos, halcones de Galápagos, gaviotas de cola ahorquillada, rabos de junco y piqueros de Nazca y de patas azules.
- Es la especie endémica de Galápagos y en esta isla suele presentar tonos rojizos y verdes; por ese aspecto la llaman popularmente iguana de Navidad.
- Permaneciendo en el sendero, atendiendo el paso donde puede haber nidos junto a la traza, manteniendo distancia de los bordes del acantilado y sin alimentar ni acercarse a los animales.
