Lugar

Muro de las Lágrimas

El Muro de las Lágrimas es un sitio histórico de la isla Isabela, al oeste de Puerto Villamil. Es un largo muro de bloques de lava que los presos de la colonia penal de Isabela levantaron a mano a mediados del siglo XX, sin otro propósito que mantenerlos ocupados en un trabajo forzado agotador que costó vidas.

Isla Isabela

Muro de las lágrimas

Hoy es un lugar de memoria que recuerda un periodo de crueldad en la historia humana del archipiélago. Se llega por un sendero que sale de Puerto Villamil, pasa junto al cementerio del pueblo, atraviesa los humedales del sur de Isabela, con playas de arena blanca, lagunas y manglares, y continúa por la zona seca hasta el muro. Unas escalinatas suben al mirador del Cerro Radar, con una vista amplia de la costa. Por el camino pueden aparecer tortugas gigantes, iguanas marinas, aves playeras y pinzones de Darwin, siempre como posibilidad.

Un muro levantado por presos

El Muro de las Lágrimas es un sitio histórico de la isla Isabela, al oeste de Puerto Villamil. Es un largo muro de bloques de lava negra y áspera, levantado a mano por los presos de la colonia penal que funcionó en la isla a mediados del siglo XX. Su nombre recuerda el sufrimiento de quienes fueron obligados a construirlo.

La colonia penal de Isabela

La colonia penal se estableció por decisión del gobierno del presidente José María Velasco Ibarra, en un sector de Isabela donde quedaban instalaciones de una base militar estadounidense de la Segunda Guerra Mundial. En aquella época, Galápagos era vista desde el continente como un confín remoto, y el destierro a las islas se entendía como uno de los castigos más duros.

Los presos fueron sometidos a trabajos forzados. Entre ellos estuvo la construcción del muro: debían cortar y cargar a mano grandes bloques de lava, sin maquinaria, bajo el sol de la zona seca de la isla. El muro no cerraba ni protegía nada; su único propósito era mantener ocupados a los reclusos. Las condiciones eran durísimas y el trabajo costó vidas.

Rebelión y cierre

Hacia el final de su existencia, los presos se rebelaron e intentaron fugarse. El relato que se transmite en Isabela cuenta que la rebelión comenzó durante una obra de teatro que los reclusos representaron ante sus guardias, y que la escena sirvió para sorprenderlos y desarmarlos. Poco después, la colonia penal dejó de funcionar y sus instalaciones quedaron abandonadas.

Un lugar de memoria

De la antigua colonia penal queda en pie, sobre todo, el muro. Hoy es un sitio de visita del área protegida y un testimonio de un periodo de crueldad en la historia humana de Galápagos, una historia que no suele asociarse con el archipiélago. Para algunos habitantes de Isabela es también un lugar de recuerdos personales y de historias familiares.

Una leyenda local dice que, al caer la tarde, junto al muro se escuchan los lamentos de quienes murieron al construirlo. Es una leyenda, no un hecho, pero forma parte de la manera en que la isla recuerda este lugar.

Información esencial

Identidad
Muro de las Lágrimas, en la isla Isabela
Ubicación
Al oeste de Puerto Villamil
Tipo de sitio
Sitio histórico y lugar de memoria
Construcción
Bloques de lava cortados y cargados a mano por los presos, sin maquinaria
Propósito
Mantener ocupados a los reclusos; el muro no cerraba ni protegía nada
Periodo
Colonia penal de Isabela, a mediados del siglo XX
Origen
Establecida por decisión del gobierno de José María Velasco Ibarra, sobre instalaciones militares abandonadas
Cierre
Tras una rebelión y un intento de fuga de los presos
Mirador
Escalinatas hasta el mirador del Cerro Radar, con vista amplia de la costa
Sendero
Desde Puerto Villamil, a pie o en bicicleta, entre humedales, manglares, playas y zona seca
Humedales
Humedales del sur de Isabela, reconocidos como humedal de importancia internacional
Manglares
Mangle rojo, negro, blanco y botón
Fauna posible
Tortugas gigantes, iguanas marinas, lagartijas de lava, aves playeras, flamencos, pinzones de Darwin y cucuves
Conducta
Permanecer en el sendero, no molestar a los animales y respetar el muro como lugar de memoria

El sendero desde Puerto Villamil

Al muro se llega por un sendero de arena y piedra que sale de Puerto Villamil hacia el oeste y bordea la costa. Puede recorrerse a pie o en bicicleta. Poco después de dejar el pueblo, el camino pasa junto al cementerio de Puerto Villamil, donde descansan algunos de los primeros pobladores de la isla.

Más adelante, el sendero atraviesa los humedales del sur de Isabela, reconocidos como humedal de importancia internacional. Es un paisaje de playas de arena blanca, lagunas y bosques de manglar, con rincones como El Estero y Playa del Amor, y con el mirador del Cerro Orchilla, que se abre sobre la costa. Luego el camino deja atrás los manglares y entra en la zona seca de la isla, con vegetación árida y roca volcánica, hasta llegar al muro.

Manglares a lo largo del camino

En las lagunas que rodean la playa del camino crecen las especies de mangle presentes en Galápagos: el mangle rojo, el mangle negro, el mangle blanco y el mangle botón. Juntas forman un bosque costero que ofrece refugio a aves, peces y reptiles, y que contrasta con la roca desnuda de la zona seca que sigue.

El mirador del Cerro Radar

El muro se levanta al pie del Cerro Radar. Unas escalinatas suben hasta el mirador de su cima, desde donde se abre una vista amplia de la costa del sur de Isabela, de la bahía de Puerto Villamil y del propio muro, que desde lo alto muestra toda su extensión sobre el paisaje seco.

Fauna posible en el camino

A lo largo del sendero pueden aparecer tortugas gigantes junto al camino, iguanas marinas sobre la roca de la costa y lagartijas de lava entre las piedras. En las lagunas y la orilla pueden verse aves playeras, flamencos y otras aves acuáticas, y en la vegetación, pinzones de Darwin y cucuves de Galápagos.

Ninguna de esas presencias está asegurada: son posibilidades del camino, no una oferta que el sendero cumpla en cada visita.

Una visita dentro del área protegida

El Muro de las Lágrimas y el sendero que lleva hasta él forman parte del área protegida de Galápagos. Permanecer en el sendero, no tocar ni molestar a los animales y respetar el muro como lugar de memoria es la conducta esperada, para que la fauna continúe su actividad sin interferencias y el sitio conserve su sentido.

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