Bahía

Bahía del Correo

La Bahía del Correo, en la costa norte de la isla Floreana, es uno de los pocos sitios de visita de Galápagos donde la protagonista es la historia humana.

Isla Floreana

Bahía del Correo

A finales del siglo XVIII, los balleneros que recorrían el Pacífico dejaron aquí un barril de madera que funcionaba como oficina de correos: cada marinero depositaba sus cartas con la dirección escrita, y los barcos que regresaban a casa recogían las que podían entregar. La tradición sigue viva. Los visitantes dejan sus propias postales en el barril, revisan las que esperan y se llevan las que pueden entregar en mano. A poca distancia hay un tubo de lava al que se desciende por una escalera. En la playa y en el agua de la bahía pueden aparecer lobos marinos, tortugas prietas y rayas, y entre la vegetación, pinzones de Darwin, reinitas amarillas y lagartijas de lava, siempre como posibilidad.

Un buzón en medio del Pacífico

La mayoría de los sitios de Galápagos se visitan por sus animales, sus volcanes o sus paisajes. La Bahía del Correo, en la costa norte de la isla Floreana, es distinta: aquí lo que se viene a conocer es una historia humana. Es la historia de un barril de madera que, durante generaciones, sirvió de oficina de correos a marineros que pasaban años lejos de casa, y de una tradición que todavía hoy pasa de mano en mano.

Los balleneros del Pacífico

A finales del siglo XVIII, barcos balleneros británicos, y después estadounidenses, cazaban cachalotes en las aguas del Pacífico. Las campañas duraban años, y Galápagos se convirtió en su principal base en ese océano: un lugar donde abastecerse de agua y alimento antes de volver a las zonas de caza.

Para esos marineros, el problema era la distancia. No había forma de enviar noticias a casa ni de recibirlas, salvo confiar en otro barco que tomara el rumbo correcto.

Un barril, una dirección y la confianza en un desconocido

La solución fue tan sencilla como ingeniosa. En esta bahía de Floreana, un grupo de balleneros colocó un barril de madera y lo llamó oficina de correos. Quien pasaba dejaba sus cartas con la dirección escrita, sin sello ni franqueo. Quien emprendía el regreso revisaba el barril y se llevaba las que iban hacia su puerto o hacia su tierra, para entregarlas al llegar. Así, las cartas viajaban de barco en barco hasta Europa o América del Norte, sin otra garantía que la palabra de un desconocido.

Durante mucho tiempo se atribuyó la creación del barril al capitán británico James Colnett, que recorrió estas aguas a finales del siglo XVIII. Sin embargo, los balleneros británicos ya trabajaban en Galápagos antes de su llegada, y el barril pertenece, sobre todo, a esa comunidad de marineros anónimos.

El barril en tiempos de guerra

El barril no sólo guardó cartas familiares. A comienzos del siglo XIX, durante la guerra entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, una fragata estadounidense que operaba en Galápagos usó la información reunida en el buzón para conocer los movimientos de los balleneros británicos. Aquellas capturas contribuyeron a que la caza de ballenas en la región pasara de manos

El precio que pagaron las tortugas

Las escalas de los balleneros tuvieron un costo para las islas. Las tortugas gigantes se convirtieron en alimento para las tripulaciones. La tortuga nativa de Floreana desapareció en el siglo XIX, y su historia forma parte de la misma época que el barril recuerda.

Información esencial

Identidad
Bahía del Correo, sitio de visita de la isla Floreana
Ubicación
Costa norte de Floreana
Tipo de sitio
Sitio de visita centrado en la historia humana de Galápagos
Origen
Barril de madera colocado por balleneros a finales del siglo XVIII
Funcionamiento
Cartas con dirección y sin sello, recogidas por quien viajaba hacia su destino
Tradición actual
Los visitantes dejan postales y se llevan las que pueden entregar en mano
Época ballenera
Galápagos fue la principal base de los balleneros en el Pacífico
Tortugas
La tortuga nativa de Floreana desapareció en el siglo XIX
Colonización
Escenario de un intento de colonización noruego en el siglo XX que no prosperó
Tubo de lava
A poca distancia del barril, con descenso por una escalera
Llegada
Por mar, con desembarque en la playa
Fauna posible
Lobos marinos, tortugas prietas, rayas, pinzones de Darwin, reinitas amarillas y lagartijas de lava
Conducta
Llevarse sólo las postales que se van a entregar; no llevarse piedras, conchas ni plantas, y no dejar residuos

Una tradición que sigue en marcha

Aunque el barril original fue reemplazado con el paso del tiempo, la costumbre nunca se interrumpió. Hoy son los visitantes quienes la mantienen viva. Cada uno puede dejar una postal con la dirección escrita y revisar las que esperan en el barril, en busca de alguna dirigida a un lugar cercano a su casa.

La regla no escrita es la misma de los balleneros: quien se lleva una carta asume el compromiso de entregarla en mano y, si puede, contar cómo llegó hasta allí. Ponerle un sello y dejarla en un buzón resuelve la entrega, pero pierde el sentido de la tradición. Por eso nadie sabe cuándo llegará la postal que deja en el barril: puede viajar enseguida o esperar a que aparezca el viajero indicado.

Un intento noruego de echar raíces

La bahía guarda otro capítulo de la historia humana de Floreana. En el siglo XX, un grupo de inmigrantes noruegos intentó establecerse en esta zona. El intento duró poco y no prosperó, pero forma parte de la larga lista de quienes quisieron echar raíces en la isla.

Un tubo de lava junto a la bahía

A poca distancia del barril se abre un tubo de lava, una cueva natural que se formó cuando la superficie de un río de lava se enfrió y endureció mientras la lava del interior seguía fluyendo. Al vaciarse, dejó un túnel subterráneo. Se desciende por una escalera, y en su interior la luz del día desaparece pronto para dejar paso a la oscuridad de la roca volcánica.

La playa y el agua de la bahía

La visita comienza y termina en una playa de arena, donde se desembarca desde el agua. En la orilla y en la bahía pueden aparecer lobos marinos de Galápagos, Zalophus wollebaeki, y en el agua, tortugas prietas, Chelonia mydas agassizii, y rayas. Cuando las condiciones del mar lo permiten, el snorkel frente a la playa es una forma de conocer esa vida de cerca.

En la vegetación que rodea la playa pueden verse pinzones de Darwin y reinitas amarillas, y entre las rocas, lagartijas de lava. Ninguna de estas presencias está asegurada: son posibilidades del lugar, que cambian de una visita a otra.

Una visita dentro del área protegida

La Bahía del Correo forma parte del área protegida de Galápagos. Aquí ocurre algo poco habitual en las islas: llevarse una postal del barril es parte de la visita. Fuera de ese gesto, rige la conducta de siempre: no llevarse piedras, conchas ni plantas, no dejar residuos, no molestar a los animales y mantener distancia con los lobos marinos.

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